miércoles, 13 de noviembre de 2019

El cochecito leré


La verdad es que cuando me lo contaron no me podía creer. No me reí por ser educada, pero me costaba entender que alguien con un nivel mínimo de inteligencia fuese capaz de hacer ese tipo de reflexiones. O peor aún, que la persona receptora del comentario no dijese “hasta luego Mari Carmen”. Pero bueno, a veces a las personas no hay que entenderlas, solo hay que quererlas. Si no os creéis esto último, preguntadles a mis amigos, es su pan de cada día. Angelitos.  

Es cierto que el que no arriesga no gana, quien la sigue la consigue (normalmente) y la vida es muchas veces emocionante porque nos enfrentamos continuamente a retos. El problema viene cuando únicamente nos enfrentamos nosotros a retos y les damos a los demás todo en papilla. Y eso me lo explicaron hace poco. Cuando somos excesivamente empáticos, hacemos de abogados defensores de todo lo que se mueve y siempre buscamos el por qué de las cosas y proporcionamos a los demás con un estudio detallado y pormenorizado de “10 razones” por las que has hecho esto o lo otro… La cagamos. Cruzamos la delgada línea que existe entre ser bueno y ser imbécil.

La explicación o razonamiento que me dieron es que a veces uno mismo tiene que ser un reto. Y me explicaron el juego del cochecito leré. Parece ser que, por muy estúpida que suene la excusa de “lo siento no puedo estar contigo porque me acabo de comprar un coche”, deja una incertidumbre detrás. Un QUÉ ME ESTÁS CONTANDO. Es una especie de razón sin razonamiento.

Hoy me ha pasado a mi algo parecido. Me han dado una razón sin razonamiento. Un sí, pero no. Bueno, en realidad no es el primer “si, pero no”. Eso es lo peor. Que yo en vez de decir “que te vaya bonito” le doy vueltas al por qué de las cosas. Trato de buscarle un razonamiento sin darme cuenta de que, de donde no hay, no se puede sacar y que en todo caso no me corresponde a mi encontrarle un sentido a este sinsentido. Es cierto que quien no arriesga no gana, pero también es cierto que quien se tira de cabeza a una piscina sin agua, se rompe (por lo menos) la nariz.

Y, por supuesto, quien la sigue la consigue. Pero en cualquier relación el seguimiento tiene que ser recíproco, porque el premio no es unilateral.
Dem klugen Kopf genügt ein Wort.

1 comentario:

Alba Du Bac dijo...

Me encanta tu reflexión y me siento realmente identificada. ¡Gracias por compartirla! Me ha hecho mucha ilusión encontrarme ahora con una entrada tuya y por cierto, ¡sigues escribiendo igual de bien que siempre! No lo dejes, ¡escribir sí tiene un premio seguro!