domingo, 17 de noviembre de 2013

Basada en hechos reales.

El pasado jueves un profesor nos mandó que redactásemos un relato sobre un incidente, a fin de ver más o menos como escribimos. No sé exactamente si es esto lo que nos pedía. La verdad es que se me fue un poco de las manos, pero lo quería compartir con vosotros... Allá va:

"Misión cuasi-cumplida" pensé cuando salía de la oficina de La Caixa en la calle Carlos III. Serían las diez de la mañana del 14 de mayo de 2013 y ya tenía casi todo a mis espaldas: exámenes finales terminados, transferencia para la cena de fin de carrera realizada, pre-inscripción al Máster de Acceso a la Abogacía hecha... Y allí estaba yo, a cuatro días de nuestra Graduación. Primera promoción del Plan de Estudios Bolonia. Quincuagésimo octava promoción de Derecho. ¡QUINCUAGÉSIMO OCTAVA! Se dice pronto. Se pronuncia con dificultad. Todo hay que decirlo.

Al girar la calle, por la Avenida Roncesvalles, observé a lo lejos que estaban derribando el edificio que hace esquina con Paulino Caballero. Justo enfrente de la tienda AYESTARÁN. La verdad es que la demolición de un bloque de viviendas no es algo que se vea todos los días. Un grupo de curiosos, teléfono móvil en mano, estaban documentando todo el proceso. Probablemente por inercia, saqué yo también el mío. Tenía varias llamadas perdidas. Enseguida marqué su número: "Perdona, lo tenía en silencio". "No pasa nada, ¿has terminado ya?" escuché al otro lado de la línea. Los primeros tres minutos de la conversación transcurrieron con normalidad mientras yo le contaba a mi interlocutor todos los detalles de lo que veía. Sin apartar la mirada del inmueble, o de lo que quedaba de él.

¡PUUUMBA! Un golpe me sacó enseguida de mi ensimismamiento. Se me saltaron las lágrimas y me llevé la mano que tenía libre a la frente. Me acababa de golpear contra una farola. Unas señoras, que lo habían visto todo, enseguida me preguntaron si necesitaba algo. Les respondí con la mejor cara que pude, mientras intentaba recuperar la compostura, que estaba todo en orden. Al otro lado del teléfono podía escuchar una voz preocupada "¿qué ha pasado? ¿estás bien?", cuando le conté que me acababa de chocar contra una farola, pero que salvo la vergüenza que me había dado estaba bien, no le sorprendió demasiado "estas cosas solo te pasan a ti, ¿quieres que te vaya a buscar?" me dijo. Rechacé la oferta, dándole las gracias, y me fui directa a casa.

Tras estar dos horas tumbada en la cama, hielo en la frente, y a pesar del chichón de considerables dimensiones que tenía en la frente, seguí con el resto de cosas que tenía que hacer. Creo que ese día debieron de morir, al menos, una decena de mis neuronas. Conforme se iba acercando el 18 de mayo, mi "chinchón" (como diría mi primo pequeño) fue cambiando de color, adoptando un tono amarillento un tanto inquietante.

¿Solución? Corte de flequillo. Hay pocas cosas que no se puedan arreglar.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJA Efectivamente estas cosas solo te pasan a ti ;) ¡Muy divertido!

Anónimo dijo...

GRANDE PALOMA! muy gráfico, me encanta. He sentido el golpe por ti jaja

daretodreambysil dijo...

JAJA,tipico!!!Me ha encantado como lo has contado,es genial!jejeje

PA dijo...

¡Muchas gracias por los comentarios!

Anónimo dijo...

¡Eres mu grande Pa!