domingo, 23 de octubre de 2011

En 3, 2, 1...

Se acabaron los calurosos días de sol. Próximamente serán sustituidos por frío, combinado con chaparrones inesperados, ese viento gélido que te congela hasta las ideas y que, en ocasiones, te rompe el paraguas. Vuelta a las mil y una capas formadas por jerseys, camisetas, abrigo... cual cebollas. Reencuentro con aliados incondicionales: chubasquero, botas, guantes, gorro, bufanda. Paquetes de kleenex por doquier. Narices coloradas, resfriadas. Chocolate con churros, nieve, chimeneas...

Un año más hemos pasado de veintipico grados a menos de diez en un abrir y cerrar de ojos.

Inexplicable, impredecible y, en ocasiones, inoportuna (ya que las probabilidades de lluvia aumentan considerablemente en aquellos casos en los que, por un descuido, te has dejado el paraguas en casa o has puesto ropa en el tendedero). Así es Pamplona. Pero a mí me encanta, que queréis que os diga...

No hay comentarios: