(Cuarto ensayo de Claves del Pensamiento).
La primera vez que discutí sobre el tema con alguien traté de explicar con mis propia palabras lo que me habían enseñado en las clases de religión del colegio. Al final del relato mi amigo exclamó un "¡qué curioso!" Y la conversación siguió por otros derroteros más triviales. Yo, la verdad, es que nunca me había parado a pensar acerca de esto. A mis quince años mis pensamientos, mis preocupaciones y mis dudas existenciales eran otras. Ni mejores, ni peores. Diferentes. Lo que mi amigo sacó en limpio de aquella conversación fue que yo vivía en otro mundo, producto quizás de una formación diferente a la suya y de mi, según él, característica inocencia. En aquel momento pensó que mi visión acerca del tema estaba pasada de moda, out. De otro planeta. O que, a lo mejor, el origen de nuestra discordancia radicaba en la diferencia de cultos, ya que él es budista.
Sin embargo, no cabe duda de que el cristianismo no es la única religión que defiende la virginidad. De hecho en otras religiones o culturas constituye un requisito indispensable para el matrimonio, no solo por el hecho de que la castidad esté muchas veces unida a la idea de compromiso con Dios sino porque en determinados lugares del mundo a la mujer se le ve como propiedad de su marido. Un objeto que sirve para procrear y seguir con el linaje, por lo que la pureza de la mujer está en cierto modo ligada al honor de la familia. Asimismo hay teorías que mantienen que el fin último de la defensa de la castidad es el control de la población. En concreto de la natalidad. Aunque ahora con la pastilla del día después es distinto, pero eso ya es harina de otro costal. Hay que buscar un argumento más antropológico o moral para defender esta postura, de forma que no se trate de repetir la lección, o de involucrar creencias en el tema. La clave es buscar una teoría de aplicación universal.
Desde mi punto de vista la virginidad está infravalorada, debido al afán por buscar el placer inmediato y el amor liberalizado que está tan de moda en nuestros días. "El sexo es algo natural, no es un tema tabú", dicen. Y en cierto modo tienen razón: es natural y no es malo. Pero como todo en la vida tiene su espacio y lugar en el tiempo. Al igual que cuando nacemos no nos dan alimentos sólidos para comer porque no tenemos dientes con los que masticar, para mantener relaciones sexuales hace falta estar preparado. No se trata de una preparación que pueda darse en una clase, una charla o un curso sobre sexualidad. Hay que estar física y psicológicamente preparado. Pero no solo se trata de eso sino que además tiene que ser con la persona adecuada.

Algunas de las personas que me conocen y que discrepan conmigo en el tema creen que mi punto de vista tiene que ver con el hecho de que soy una romántica, siempre he dado y doy mucha importancia a las relaciones humanas. Quizá también porque soy más bien introvertida, reservada, y le doy valor hasta a un beso. ¿Cómo no se lo voy a dar al sexo? Mantener relaciones sexuales lleva consigo una entrega hacia la otra persona de una forma especial. Es una forma de darte distinta, por lo que en mi opinión sólo se lo merece una persona: aquella con la que vas a pasar el resto de tu vida. Tu otra mitad. Esa es la persona con quien compartir la pérdida de tu virginidad. Pero, ¿Y cómo se sabe que es ÉL o ELLA? ¿Después de año y medio? ¿O tiene que pasar más tiempo? La respuesta la tiene que encontrar cada uno. En este punto no puedo proporcionaros una estadística, una fórmula matemática o un mecanismo para encontrar la solución. Supongo que se sabe cuando llega el momento adecuado. O eso espero.
No obstante, en frío es muy fácil hablar de estos temas. En la práctica todo cambia: ¿Y si tu pareja no está de acuerdo? Pues muy sencillo, si no te respeta en eso no tiene sentido que sigas en una relación donde la otra persona no acepta o respeta tus valores o tu forma de pensar. Una relación ha de basarse en el respeto y la confianza, además de en el amor.
Por último hemos de tener en cuenta de que esto no puede servir de barómetro para clasificar a las personas. La gente no es mejor o peor por ser virgen. Lo importante en la vida es ser coherente con lo que se hace, sean cuales sean los ideales. Este es sin duda un tema muy delicado. Pero sí que es evidente que hoy en día para muchos jóvenes la virginidad ha perdido su valor. Lo ven como un mero trámite. Una cosa más.
NOTA: Muchísimas gracias a Alba Castilla Baiget por sus correcciones ortográficas.
2 comentarios:
Muchísimas denadas, Paloma Azcárate Ortega. Ya sabes que lo hago encantada, y no hice casi nada, que conste en acta!! ;)
Me gusta mucho!! tienes mucha razón, la verdad es que es un tema apasionante, actual, y sobre todo, que dice mucho de una persona por cómo piensa y actúa. ¡Has dado en el clavo!. Creo que otro argumento válido frente a Dios, el pecado, la dignidad, valorarte a ti misma, esta el romanticismo, el romanticismo de esperar a alguien a quién quizás aún no conozcas y privarte del placer sexual durante toda tu vida hasta que lo conozcas y queráis estar juntos para siempre. Al fin y al cabo, ojalá hubiera hombres lo bastante hombres como para entregarse solamente a la mujer que los merezca. Esperar quizás sea un "incordio" para la relación actual, pero será un regalo increíble para la persona con la que pasarás el resto de tu vida. De todos modos, algo me dice que tú ya encontraste a esa persona =). Yo también: Chivas Regal 12 años.
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