jueves, 9 de enero de 2014

CLIC cerebral

Hoy he tenido uno de esos CLICS cerebrales. Es parecido al PUUM del que os hablaba en otro post, pero sin el toque de tortazo contra la realidad. ¿Qué por qué? Pues porque lo sabía. Sabía que algo le había pasado. Lo sabía. Primer "me lo dije" del 2014. Se oyen aplausos. El público en pie. Sonriente. Entusiasmado. Ver para creer. Que puntería. Ultimamente siempre acierto. Se me da bien atar cabos sueltos. A veces me cuesta un tiempo pero oye, mejor tarde que nunca. Bendita intuición. 

Pero, ¿y si esto sigue así? ¿Y si se va todo definitivamente al garete? Nudo en el estómago, sentimiento de impotencia y ganas de gritarle a alguien... ¡Maldita sea! Aunque bueno, toda amistad pasa por momentos críticos, ¿no? Les otorgamos la denominación de "momentos" porque cuando se prolongan en el tiempo esa persona pasa a ser un mero colega. Colega. No me gusta nada esa palabra. No en este caso. No en este contexto. 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Otra pregunta que no puedo responder. A veces estas situaciones ocurren por algo que se ha dicho, algo que se ha hecho, o algo que no se ha hecho. Tratándose de buenos amigos se presume siempre la buena fe. Faltaría más. El problema es que muchas veces no se trata de lo que hacemos o no hacemos, sino de la sensación con la que nos quedamos, y con la que dejamos a los demás. 

Una amistad funciona como una balanza, y cuando una de las dos partes da más que la otra se desequilibra y se rompe. Lo que está claro es que no pienso tirar la toalla. Por las personas que me importan hago lo que sea. De mi no se libra la gente tan fácil (guiño, guiño). Sobre todo porque se que en mi situación, tu harías lo mismo. 

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